Documento publicado en Julio de 1944 por el Inspector General de las Tropas Acorazadas como primer artículo del boletín Nr.13 del 'Nachrichtenblatt der Panzertruppen' dirigido a los jovenes oficiales del Arma Acorazada. El contenido del documento, publicado recuerdese el mismo mes donde se abría el "Frente de Invasión", muestra involuntariamente pero de una forma muy esclarecedora el deterioro moral ya existente a mediados de 1944 dentro del ejercito alemán así como el creciente descontento con los "mandos superiores" de una parte significante de la tropa y oficiales; especialmente la ultima parte del documento parece ya predecir los hechos del 20 de Julio....

El joven oficial de las Tropas Acorazadas


Mientras más larga es la duración de una guerra, más decisivos son para su desenlace la actitud y el rendimiento del cuerpo de oficiales.

En un principio la guerra empuja a todos y cada uno a ofrecer grandes rendimientos, el vivir el frente es para todos una gran experiencia. Ahora bien, cuando estos acontecimientos se repiten, por muy apasionantes que sean, la ley de la rutina se impone: las vivencias se convierten en habituales y la tensión comienza a decaer. Dentro de un lento proceso, el gran entusiasmo se convierte primero en indiferencia y despues en apatía.

Al borde del sexto año de guerra, la pérdida de la fuerza espiritual podría ser considerada como humanamente comprensible. Aún y así este hecho no deja de ser un síntoma de debilidad, es decir, falta de carácter. El oficial, reinvicando su tradicional pretensión de ofrecer máximo rendimiento, está llamado a enderezar y arrastrar a los debiles. Esta es su más difícil misión pero de igual forma en ella reside su gran fortaleza. Si el oficial decayera en el adormecimiento general los soportes fundamentales de la Wehrmacht empezarían a agrietarse.

La más dura de todas las guerras ha alcanzado una fase en la que la moral del combatiente es más importante que el material. Todos y cada uno perciben que lo decisivo no serán los cañones más potentes sinó los nervios más fuertes.

Dentro de este contexto, especialmente el joven oficial es sometido a una dura prueba. El joven oficial debe de mostrar en todo momento un vigor espiritual que no se ajusta ni a su edad ni y a su experiencia de vida. Bajo una presión extrema - en muchas ocasiones por primera vez en su vida - debe de mostrar una madurez moral que bajo condiciones normales solamente se adquiere en la larga escuela de la vida.

Si esto es válido de forma general para el joven oficial, lo és todavía más para la cantera de oficiales de las Tropas Acorazadas. Las características de un arma rápida y móvil requieren de audacia y de toma de decisiones rápidas y con ello cualidades de jefe de primer orden. Sin el apoyo de un sólido marco los jovenes jefes de tanque, granaderos acorazados, cazacarros y recocimiento blindado se encuentran más abandonados que los oficiales de otros grupos del ejercito. Sus armas han sido en el pasado decisivas y tambien serán las que decidan el último combate.

De forma conjunta y mediante una instrucción y labor educativa temporalmente escalonada de las tropas de instrucción, tropas de campaña y escuelas armadas (Waffenschulen) se forma al joven oficial de las Tropas Acorazadas. Es fundamental que todos estos puestos desenpeñen esta función en el mismo sentido y con la misma dedicación.

La tropa de instrucción asienta las primeras bases castrenses y de carácter. De esta forma asume una gran responsabilidad que todavía lo es más pues ella es la que parcialmente lleva a cabo la primera selección de posibles candidatos.

Las tropas de campaña deciden en última instancia si el joven soldado es apto para la trayectoría de oficial. Su - desgraciadamente demasiado corta - estancia en el frente es la verdadera prueba de carácter y la más segura base de evaluación. A pesar de la dureza del combate, el comandante de la tropa de campaña debe de utilizar cualquier pausa de combate para fomentar la contínua instrucción castrense y de carácter de los jovenes candidatos a oficial y de igual forma filtrar sin miramientos a los elementos ineptos.

Tras finalizar su periódo de prueba en el frente el candidato a oficial visita la escuela de cadetes (Fahnenjunkerschule) de las Tropas Acorazadas. Aquí se toma la última y definitiva decisión sobre su ascenso a oficial. La vara de medir és y vá a ser alta.

Cada año abandonan las escuelas de cadetes 12.500 jovenes oficiales de las Tropas Acorazadas. Las bases de sus planes de instrucción y de igual modo el fundamento de evaluación no son los conocimientos teóricos y aprendidos de memoria sino que deben de ser la capacidad práctica y el desarrollo de carácter. Los mejores soldados del ejercito, los futuros jefes de las tropas Acorazadas, dependen de la meticulosidad y el concepto de justicia de los oficiales instructores; solamente aquellos con gran personalidad pueden desempeñar esta labor.


Cuando el joven oficial de las Tropas Acorazadas abandona las escuelas de cadetes y aspirantes a oficial (Oberfähnrichschule) y se presenta ante sus soldados es muchísimo, practicamente todo, lo que ha aprendido y debe de haber asumido literalmente en su carne y sangre:

  1. Debe de dominar perfectamente la técnica de la guerra pues de su capacidad depende la sangre y la vida de sus soldados.

    La mayor ambición del joven oficial debe ser el guiar a los soldados que le han sido confiados de forma que, no solo cumpla con su misión, sino ademas se alcance este objetivo con las mínimas pérdidas.

    No solo debe de disponer de más valentía que su enemigo, tambien de más sensatez.

    Debe de estar orgulloso de su Arma y correspondientemente así educar a sus soldados.

    No debe de olvidar que el fundamento de la victoría se encuentra en la buena cooperación de todas las Armas. Por este motivo ha de ser un buen camarada con las restantes Armas.

  2. Debe de disponer de gran fortaleza y valentía. Cuando se encuentre al frente de un pelotón y más tarde al frente de una compañía, entonces cien pares de ojos se fijarán en él. Cuando se levante los cien tambien se levantarán; cuando él fracase tambien los cien fracasarán.

  3. Debe de ser estricto, especialmente con sí mismo. Solamente el que es estricto con sí mismo puede exigir lo mismo de otros. Penurias personales no deben de ser motivo de quejas, pequeños padecimientos no deben ser motivo de continuo absentismo.

    Vivimos en una época de limitaciones; hemos de prescindir temporalmente incluso de los más pequeños gozos de la vida. Cuando estos gozos faltan, existe la primitiva tentación de ante la primera ocasión que se presente buscar un sustituto. El oficial debe de sentirse orgulloso de no ir a la caza de estos supuestos gozos de la vida.

    La grandeza humana reside en la renuncia. Solamente aquél que pueda prescindir vivirá el apogeo de la existencia humana y se ganará de esta forma el respeto de los demás.

    La historia de nuestro pueblo demuestra claramente que los grandes rendimientos no han tenido su base en una época de riqueza y abundancia sinó en épocas de necesidad y renuncias.

  4. El honor no es una idea vacia de contenido. Tampoco es algo que dependa de la procedencia, sinó más bien un término ético de gran magnitud. El oficial no puede vivir sin honor.

    Por este motivo debe de mantenerse alejado de ámbitos corruptos como los que aparecen siempre en el transcurso de tiempos excepcionales. La limpieza personal es algo sobre lo que los oficiales no pueden negociar. Quien no se pueda controlar debe de ser aniquilado.

    La aspiración a beneficios personales, condecoraciones ó ascensos no deben de ser jamás la fuerza motriz que mueva al oficial. Quien de forma desinteresada trate realmente de realizarse en su oficio alcanzará la plena felicidad y gozará del reconocimiento externo.

  5. El joven oficial, plenamente convencido de la visión del mundo nacionalsocialista, debe de inculcar su pensamiento a sus soldados. O se siente la suerte de trabajar y luchar dentro de la comunidad de su pueblo ó no se siente. En este punto tampoco existen compromisos.

    Alemania va a ser nacionalsocialista ó no va a ser.

  6. La insobornable justicia frente a sus subordinados es para él un principio inquebrantable.

    Cuando la situación lo requiera deberá de pedir literalmente todo de sus hombres. Todo tipo de debilidad ó consideración están entonces fuera de lugar.

    El oficial tiene que ser para sus soldados un camarada de verdad, no solo con palabras sinó con hechos. En tiempos de tranquilidad y descanso debe de preocuparse más por ellos que de sí mismo.

    Debe de rechazar la popularidad barata así como el uso de un tono estricto continuado que se desgasta y que debe de ser reservado para los momentos adecuados.

    Este es el camino para asegurarse el completo seguimiento de sus soldados, que disponen de una delicada sensibilidad para lo justo e injusto así como para lo bueno y lo malo.

  7. La obediencia, la obediencia incondicional, ha convertido al ejercito alemán en el mejor ejercito del mundo. Todo lo que se ha perdido de esta virtud ha de recuperarse en el futuro.

    Un ejercito solamente puede guiarse mediante ordenes y obedeciendo. El oficial tambien en este campo debe de ser un ejemplo.

    Todas las debilidades humanas, tambien las más pequeñas, deben de ser combatidas por el joven oficial con la mayor dureza.

    El joven oficial no miente cuando ha cometido un error. No trata de culpar a otros y asume con orgullo los hechos y sus condecuencias.

    El joven oficial no es un transferidor de rumores. La expansión de novedades, sean estas verdaderas o falsas, se ha convertido actualmente en una verdadera epidemia. Todos saben qué nuevas armas ván a introducir nuestros enemigos, cuantos muertos ha causado el ataque terrorista (Terrorangriff) a una lejana ciudad, lo que el señor Churchill ha discutido con su acompañante durante la cena ó cuál es el estado moral de los negros en el Cabo de Buena Esperanza.

    Dejemos estas perjudiciales y totalmente inutiles palabrerías a los irresponsables y pedantes en las tertulias de los bares. No es más que un símbolo de pobreza intelectual.

  8. Igual de perjudicial es el formalismo burocrático. Lo bonito del ofício de oficial en una guerra es precisamente que dos casos no son nunca iguales y por lo tanto sus decisiones no las toma basándose en un libro con parágrafos sinó basándose en su instinto.

  9. Amabilidad y humildad no han perjudicado nunca a un hombre. El no saludar correctamente ó no tratar con la amabilidad necesaria a un superior no es un símbolo de grandeza o fortaleza, es simplemente un símbolo de falta de educación e inmadurez. En este sentido el joven oficial debe der un ejemplo: hacia él, con el uniforme que viste y que a lo largo de 130 años ha sido el orgullo del mundo, mira el pueblo entero y en base a su conducta individual éste juzgará a la totalidad.

  10. La tendencia a la crítica tampoco es un símbolo de fortaleza, más bien de debilidad.

    No ha sucedido en el pasado y tampoco sucederá en el futuro que en una guerra en ambos bandos no se cometan errores. No existe nada más miserable que despues de sufrir un revés, tratar de posicionarse como el que desde un principio sabía todo mejor. Esta guerra no se vá a ganar mediante criticas sino aprendiendo de los errores y haciendo la próxima vez las cosas mejores. Especialmente el oficial sabe de la enorme responsabilidad que en los momentos decisivos asumen los jefes. Para él debe de ser un orgullo en situaciones críticas estar del lado de los responsables. Quien desconoce los grandes contextos tampoco puede comprender por qué en diferentes momentos esta u otra decisión eran necesarias.

  11. El oficial debe de predicar el odio fanático contra nuestros enemigos que, a pesar de disponer de bienes materiales en abundancia, tratan de negarnos nuestro derecho a vivir y destruyen nuestras ciudades y asesinan a nuestras mujeres e hijos.

    El oficial debe de combatir el defecto alemán de la sobrevaloración de todo lo extranjero y menospreciación de la fuerza própia.

    El oficial debe de combatir la "objetividad" que en ocasiones conduce a una enfermiza comprensión de la posición del enemigo y que actualmente supone un gran condicionante.


La guerra se encuentra en un estadio decisivo. Hablar de victoria cuando uno está embriagado de éxitos puede hacerlo cualquiera. El creer imperturbablemente en la victoria e inculcar esta creencia en otros, en situaciones criticas cuando el destino parece paralizar seriamente a los hombres, es algo que solamente pueden hacer los grandes.

Aún y así la creencia en la victoria no es todo. No existe ninguna situación, por grave que esta parezca, que no permita una salida. Si los hombres con responsabilidad son capaces de soportar la carga espiritual que supone una crisis, ésta crisis será una base para un nuevo ascenso. El joven oficial de la Tropas Acorazadas debe de estar orgulloso de saberse entre estos hombres y no debe de olvidar nunca que una parte del destino de Alemania se encuentra en sus manos.

Nosotros no podemos perder nunca esta guerra, a no ser por nuestra propia debilidad y por lo tanto por nuestra própia culpa.



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